Fotografía obtenida en Alma Natura.

¿Alguna vez te has preguntado por qué hay personas que logran lo que se proponen, y que parecen ver la vida a través de los ojos de un entusiasta? En algunos casos, ello se debe al Efecto Pigmalión y la influencia que tiene nuestro pensamiento sobre las cosas que nos suceden en la vida. He investigado al respecto y esto es lo que he descubierto.


Desde hace algún tiempo he venido aplicando eso de la “mentalidad positiva”. Entiendo que, al leerlo, muchos probablemente pensarán que ahora apuesto por estas nuevas tendencias holísticas, energéticas o de meditación. No, no voy de eso.

Esto de la “mentalidad positiva” me surgió de algo mucho más mundano: estaba agotada de pensar en forma realista – casi llegando a ser pesimista- y que los resultados obtenidos o las situaciones se decantaran por lo aceptable y poco más. Es mucho más sencillo dejarnos llevar por las innumerables cosas negativas que ocurren en el mundo, por las experiencias negativas de quienes nos rodean, por los problemas diarios que nos abordan o, en el caso de las chicas, por los cambios hormonales que nos hacen ver todo un poco más negro de lo que realmente es.

Además, debo admitir que me sentía frustrada porque no encontraba la fórmula para sentirme feliz. Y no me refiero a la idea utópica que persiguen las personas, ese “destino” al que todos quieren llegar pero pocos saben cómo. Me refería a lo sencillo, a ser feliz disfrutando un café o paseando a mi perrita (que para ese momento era una cachorra inquieta y terrible, ¡pobre pequeña incomprendida!).

En resumen, estaba atribulada con miles de expectativas, incertidumbre a tope y poco (nulo) control sobre las cosas. Evidentemente, veía las cosas a través de un cristal empañado que no sólo afectaba mi visión del mundo, sino que además servía de catalizador negativo sobre los pensamientos que generaba. Así que decidí hacer una reflexión sobre mi vida. No, no se trataba de avizorar el futuro, lo importante era entender si estaba viviendo o simplemente existiendo y de dónde provenía la “nube negra”. Por supuesto, la respuesta era sencilla: todo estaba en mi cabeza.

Comencé a observar el comportamiento de esas personas que parecen estrellas, brillando y alegrando con su paso a todos aquellos con quienes interactúan. Esos que naturalmente transmiten positivismo sin esfuerzo porque es parte de quienes son. Por supuesto, entendí que todo se origina en la forma con la cual perciben, analizan y enfrentan las situaciones complejas de la vida. Desde las más sencillas (voy tarde al trabajo) hasta las más complicadas (tengo problemas económicos). Suena más fácil de lo que parece, y lo cierto es que requiere una voluntad increíble. Incluso, estas personas tienen la asombrosa capacidad de “contagiarnos” con su positivismo y esperanza por la vida, de tal forma que muchas veces buscamos su apoyo, guía o simple validación para sentir que vamos por el camino correcto, o tal vez que la decisión tomada en cierto momento ha sido la adecuada. ¿Han conocido a alguien así? ¿Y no se han preguntado cómo lo hace?

En el mundo siempre habrá escépticos, incluyéndome, y por eso no me quise quedar sólo con lo que había observado en estas personas. Quería llegar a algún hecho comprobado científicamente que evidenciara el poder que tiene nuestra mente para modelar la realidad que vivimos. Y fue así como, un día, la inspiración me vino gracias a la televisión (también de ella se puede aprender, ya lo ven) en forma de anuncio publicitario. En él se habla sobre el principio de actuación basado en las expectativas de los demás: el Efecto Pigmalión (Pygmalionen inglés). Decidí investigar entonces acerca de este efecto y el resultado es este resumen, donde encontrarán algunos aspectos que podrían resultarles interesantes y útiles, con la esperanza de que, como yo, empiecen a utilizar sus pensamientos para mejorar sus vidas.

El Mito de Pigmalión

Pigmalión y Galatea (1781)
Pigmalión y Galatea (1781). Louis-Jean Lagrenée

Comencemos por el mito de la Antigua Grecia que da origen al nombre de este efecto. Pigmalión fue un rey de Chipre, quien además de su cargo gubernamental obraba como sacerdote y gran escultor. Por muchos años estuvo tras la búsqueda de una compañera perfecta para compartir su vida, y al no encontrarla decidió no casarse, empleando su tiempo y amor en la construcción de diversas esculturas femeninas. Después de varios esfuerzos consiguió realizar una tan maravillosa a sus ojos, llamada Galatea, que terminó enamorándose de ella. Tanta fue su pasión que la trataba como si estuviera viva. Compadeciéndose del deseo de Pigmalión, la diosa Venus decidió que Galatea cobrase vida, y así ésta se transformó en algo real.

El mito de Pigmalión nos ilustra un fenómeno que ocurre en nuestras mentes y que con frecuencia pasamos por alto. El poder que tienen algunas ideas es tan fuerte que, en muchos casos, afectan a la realidad; lo imaginario puede volverse real en el mundo humano. Dicho de una forma más “científica”, existe una relación directa entre las expectativas que generamos sobre alguien o algo y el rendimiento obtenido.

En Efecto Pigmalión es como si nuestros pensamientos tomaran un “Red Bull” y, de repente, tuvieran alas para volar de nuestra mente hacia la realidad. Vale, una analogía muy comercial pero creo que se entiende el mensaje. La confianza que demuestran otros sobre nosotros y nuestras habilidades es lo que, muchas veces, motiva y potencia nuestros resultados.

El experimento

Aunque parezca magia, la realidad es que nuestra conducta está condicionada por las expectativas que se tengan de nosotros, bajo las cuales es posible que otros puedan prever nuestro comportamiento. En este sentido, el psicólogo especialista en temas pedagógicos Robert Rosenthal realizó un par de experimentos para probarlo:

  1. Tomó dos grupos de ratones de laboratorio conocidos como “corredores de laberintos” y a cada uno les asignó un grupo de científicos distintos para su estudio. Los ratones no tenían diferencia alguna entre sí, mas Rosenthal le hizo creer a los científicos que uno de los grupos de ratones poseía mejores habilidades que el otro. De esta manera, estaba condicionando sus puntos de vista sin que estos fueran conscientes de ello. Al final, el grupo de ratones que había sido “mejor valorado” obtuvo resultados mejores en su proceso de aprendizaje, mientras que los evaluados negativamente quedaron rezagados.
  2. Posteriormente, en los años 60 Rosenthal decidió llevar su experimento hasta un aula de clases y probar el impacto que tendrían las expectativas de los profesores sobre los alumnos. Así, en colaboración con la Directora Jacobson, aplicó un test de inteligencia a un grupo de alumnos, gracias al cual pudo diferenciar a aquellos estudiantes que poseían habilidades importantes para el aprendizaje y la creatividad del resto, comunicando tales resultados a los profesores. Como quizá imaginen, no existían tales diferencias entre los alumnos y los nombres se eligieron al azar. Al finalizar el curso, los resultados académicos de quienes habían sido destacados fueron excelentes, mientras que el resto de los estudiantes obtuvieron resultados mediocres.

«La conclusión a la que llegó Rosenthal fue que una valoración, influida más o menos por un efecto halo (efecto distorsionador que produce una buena valoración de conjunto), puede generar una expectativa de rendimiento que determine el resultado de un experimento». Martínez, M. y Salvador, M. (2005). Aprender a trabajar en equipo. Paidós.

Es increíble el impacto que tienen las expectativas de los demás en nuestro desempeño. Por supuesto, estos experimentos dan la impresión de que la subjetividad de nuestro evaluador juega un papel determinante en nuestros resultados…y esto es cierto, la ciencia así lo demuestra. Sin embargo, para nuestra alegría, no se queda sólo allí: cuando somos conscientes de dichas expectativas, en muchas ocasiones nos sirven de motivación para alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto. En otras palabras, esas expectativas potencian lo que ya llevamos latente dentro de nuestra mente, pero que nos cuesta materializar por sí solos.

Muy bien, dicho esto, basta de experimentos (aunque un poco de historia nunca le ha hecho daño a nadie, ¿cierto?), centrémonos ahora en la utilidad de este efecto para nuestra vida cotidiana.

Aplicaciones del Efecto Pigmalión

En lo académico: esta aplicación seguramente han podido adivinarla sólo leyendo el punto anterior, pero es importante matizarla. Quienes se dedican a la maravillosa labor de educar, es decir, aquellos profesores que no sólo imparten conocimientos sino también habilidades para la vida, deberían saber que sus expectativas (positivas y negativas) pueden incidir directa y significativamente sobre el desempeño de sus alumnos. Incluso aquellas que se transmiten a través del lenguaje no verbal pueden funcionar como potenciador o freno de sus competencias. Esta es quizá la aplicación más destacada del Efecto Pigmalión, así como la más investigada, y durante mi preparación para esta publicación me tope con una conclusión impactante:

«La efectividad del “efecto pygmalion” depende en gran medida del autoestima del propio “pygmalion”. Generalizando, podríamos decir que el mejor “pygmalion positivo” de sí mismo es el mejor “pygmalion positivo” de sus alumnos. Esto es, el educador que posee una alta autoestima con frecuencia es el más efectivo a la hora de inspirar una autoestima más elevada en sus alumnos». Baños, I. (2008). El Efecto Pygmalion en el Aula. Córdoba, España.

En lo familiar: como padres, es importante que se eliminen algunas de las maneras en las cuales se educaba a los niños, a mí parecer ya retrógradas, tales como utilizar etiquetas, reproches o expresiones de frustración ante sus “errores”. Este tipo de comportamientos sólo logra que el pequeño se comporte en consecuencia a las expectativas que se le están comunicando, manteniendo la conducta que buscábamos corregir por creer que simplemente él es así. Por ello, los familiares, en especial los padres, deben reforzar la seguridad y confianza del niño en sí mismo, así como en sus habilidades, para que éste crezca con una autoestima reforzada que le motive a alcanzar sus metas. Les recomiendo lean el artículo del Diario ABC de España “Las terribles consecuencias del “efecto Pigmalión” sobre los hijos”, donde se sintetizan algunos resultados del Efecto Pigmalión en la conducta de pequeños del hogar.

En lo laboral: resulta que los adultos no somos inmunes a esto del Efecto Pigmalión, y en nuestro entorno laboral son muchas las ventajas que tiene la utilización (positiva) del mismo sobre los trabajadores. Todo directivo o líder tiene una imagen formada en su mente de sus empleados, actuando consecuentemente en función de las mismas. Lo importante es que dichas expectativas sean conocidas por los empleados a través del reconocimiento o feedback, el lenguaje no verbal, la delegación de responsabilidades o la confianza demostrada en ellos. De esta forma, los líderes logran potenciar las competencias de sus empleados, mejorando su desempeño. Tal y como sucede con los profesores, es recomendable que dichos líderes no etiqueten a sus colaboradores o destaquen a unos sobre otros; por el contrario, deben ser capaces de mantener un ambiente equilibrado donde todos los empleados se sientan valorados en la misma medida.

Posible e Imposible
Imagen obtenida en Comunidad IEBS

En lo social: El Efecto Pigmalión es tan poderoso que puede darse de forma positiva o negativa. Podemos desmerecer a una persona y probablemente ésta responda con comportamientos inadecuados en función de lo que se espera de ella. Pero también podemos utilizarlo para impulsar a quienes nos rodean hacia sus metas, validándoles y creyendo en sus capacidades. No, no se trata de adular; el ser humano tiene la asombrosa capacidad de reconocer cuándo le están diciendo algo que la otra persona no cree sea cierto, así que simplemente rechazaría lo dicho. Se trata de potenciar la confianza en ellos mismos. Se trata de emplear nuestro poder de las palabras para algo más productivo que comentar las desventuras de los demás. Se trata de ser altruistas y mejorar nuestro entorno, o por lo menos intentar ser propagadores de lo positivo en nuestro círculo cercano. Para el que cree en el karma, o la 3ra. Ley de Newton (o lo que sea), esta es la mejor manera de manifestar eso de que “el que da, recibe”.

Existen otras muchas aplicaciones del Efecto Pigmalión que me encantaría mencionar pero esta sería una publicación interminable, así que mejor les dejo este interesante artículo de El País donde mencionan otros aspectos de este efecto para la vida: “Superarse con el Efecto Pigmalión

El Efecto Pigmalión en el cine

Y sí, resulta que este efecto es tan interesante que ha sido utilizado como tema central en varias películas, sin nombrar otras en las que forma parte de escenas clave con mucho mensaje. Algunas de ellas las listo a continuación, en orden cronológico, con un enlace por si les da curiosidad conocer un poco más de qué va cada una:

Pigmalión (Pygmalion). Reino Unido, 1938.

My Fair Lady.Estados Unidos, 1964.

El Club de los Poetas Muertos (Dead Poets Society). Estados Unidos, 1989.

Mujer Bonita (Pretty Woman). Estados Unidos, 1990.

La Bella y la Bestia (Beauty and The Beast). Estados Unidos, 1991.

Hombres de Honor (Men of Honor). Estados Unidos, 2000.

Billy Elliot. Reino Unido – Francia, 2000.

La Reflexión

Todo esto nos lleva a reflexionar sobre nuestra responsabilidad para con quienes nos relacionamos. No sólo somos los orientadores de las nuevas generaciones, también tenemos un asombroso poder para mejorar la vida de quienes nos rodean si tan sólo creyésemos en ellos. Necesitamos trabajar en nosotros mismos para fortalecer nuestra autoestima y ser capaces de proyectarnos en los demás positivamente, ya sea como educadores, padres o familiares, líderes, gerentes, incluso como vecinos y como parte de la sociedad en la que vivimos.

Los seres humanos somos naturalmente sociales y necesitamos integrarnos. A través del Efecto Pigmalión somos capaces de comportarnos en función de las expectativas que tienen sobre nosotros, o podemos generar el mismo efecto en las personas de nuestro entorno. El problema es que estamos acostumbrados a escuchar las expectativas negativas de quienes nos rodean, respondiendo en consecuencia de las peores formas. ¿Qué tal si ahora, ya que somos conscientes de este poder, decidimos voluntariamente emplear nuestras habilidades para potenciar lo bueno de los demás?

Les dejo el anuncio publicitario de una compañía de seguros que fue la inspiración para contarles un poco más de esto. A mí simplemente me parece preciosa, pero, sobre todo, cargada de enseñanza.

Esto de la “mentalidad positiva”, como ven, no es complicado. La dificultad radica en la voluntad requerida para re-educar o re-direccionar nuestros pensamientos hacia algo más productivo, y si se quiere altruista.

Ahora salgan y miren al mundo de una forma distinta 🙂

«Tratemos de construir con visión de futuro y no de destruir lo que tenemos». Gabriel García Márquez, Crisis Mundial 
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