Fotografía por Alex Jones | Unsplash.

Esta es una historia sacada del baúl de los recuerdos, o mejor dicho del archivo histórico de mis relatos. La escribí en el año 2004 y la he editado ahora para publicarla. Lo hice durante mi adolescencia y quizá haya sido en una época de desamor, pues la historia está cargada de sentimientos, anhelo y tristeza. Sea como fuere, me pareció muy linda para compartirla.


El cielo se tornaba rojo poco a poco mientras la luna se iba escondiendo frente a mis ojos, despidiendo ese día que llego a convertirse en el peor de toda mi vida. Las luces de la ciudad que comenzaba a despertar de su tranquilo sueño me llamaban para que fuera a su encuentro, pero nada podía interrumpir mi continua evocación a tu recuerdo, como hálito de vida que se alejaba con el pasar de los minutos.

Un sonido perturbó momentáneamente mis pensamientos y me trajo a la realidad. El mar había sido el culpable de mi ensueño, con sus suaves movimientos acompañados de la fresca brisa marina. A pesar de la molestia que sentí, logré calmarme y comencé a admirar las bellezas que me rodeaban, donde la luz, los colores y los aromas de libertad embargaron mi ser. Sólo recuerdo el curso frío de una lágrima que rodó por mi rostro, llevándose con ella parte de mi dolor.

Pude haberme quedado sentada por siempre en ese mismo lugar con la sola esperanza de ver una vez más tus ojos, brillando cual estrellas en la oscura soledad que me rodeaba. Pude haber corrido por toda la ciudad, sin tregua ni descanso, buscándote, si hubiera tenido la certeza de que estarías allí, esperándome. Volé lentamente en las alas del recuerdo y me dejé llevar hacia otro lugar y otro tiempo, aquel en el que nos hacíamos fuertes y grandes juntos porque estábamos unidos al mismo sentimiento. Iluminabas el sótano oscuro y perdido que guardaba la raíz de mis defectos, transformándolo en la guarida de mis mayores virtudes. Cambiabas mis lágrimas por tus besos y mis dolores por tus abrazos.

Entraste en lo más profundo de mi corazón como un suspiro sin exhalar y nunca has logrado salir de allí. Pero tú decidiste arrancarme ese tesoro en el que se había convertido tu presencia, destruyéndolo todo sin razón, sin amor, con dolor…Dejaste el vacío de algo que ya no está mientras yo sigo pensando que fue un error, una mala interpretación, tal vez una falta mía por no decirte desde un principio cómo me sentía.

Quedaste tan tangible como la brisa suave que jugaba con mi cabello frente al mar. Empecé a comprender entonces que no volverías jamás, que todo fue un sueño del cual nunca quise despertar y ahora debía hacerlo. Así que me fui de ese lugar donde el cielo se tornaba rojo poco a poco y la luna se escondía frente a mis ojos, mientras crecía dentro de mí la certidumbre de que, sutilmente, la soledad comenzaba a llenar el gran espacio que había creado para ti, porque tú no volverías jamás.

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