Fotografía obtenida en Stock Pic.

Hoy es el último día del año 2015. Momento ideal para reflexionar sobre lo que hemos logrado, los retos superados y las situaciones vividas. Estas son las cosas por las que me siento agradecida, como emigrante y a título personal, y que probablemente son comunes a muchos de ustedes.


Las fechas navideñas suponen emociones, sobre todo para quienes las disfrutan. Pero si a eso le añades unos kilómetros de distancia, quizá un idioma distinto y la soledad de estar lejos de tu entorno, la cosa se vuelve mucho más emotiva y dura. En cualquier caso, sea o no Navidad, vivas o no en otro país, esto te hace notar las pequeñas cosas con valor que antes dabas por sentado en tu vida.

Estamos a punto de cerrar la página 365 de 365 en este capítulo de nuestra vida, y como tenemos problemas de memoria por la inmediatez en la que se mueve ahora el mundo, seguramente sólo recordamos los últimos tres meses, cuando mucho, y algunos eventos puntuales del año. Con ello creemos estar evaluando correctamente nuestro camino durante el 2015, y ya de entrada esa valoración es incorrecta. Ojalá tuviéramos una infografía de nuestro recorrido anual, algo con estadísticas que nos permitiera visualizar lo que nosotros aparentemente somos incapaces de ver.

(Les dejo esta ideita que se ha hecho viral en las redes sociales para recordar las cosas por las cuales estar agradecidos al finalizar el 2016. Es sencilla, económica y práctica).

Esta vez yo sí hice mi tarea de reflexión correctamente, o eso creo, y quise compartirla porque quizá podrían ser comunes para muchos de ustedes. Sin embargo, tenía dos maneras de presentarlo: como agradecimientos personales, cosa que no tenía mucho sentido pues dudo que les interese saber lo agradecida que estoy de haber sobrevivido el verano, por ejemplo; o mencionar algunos elementos que con seguridad se agradecen cuando has decidido emigrar (o vivir solo, lejos de tus padres, verán como también aplica).

UNO. La tecnología

Fotografía disponible en Negative Space
Fotografía disponible en Negative Space

Quien esté lejos de los suyos sabe que el valor de la tecnología para comunicarse con sus familiares y seres queridos es incalculable. No se podría soportar la distancia de la misma forma si no existiera el móvil y sus aplicaciones para comunicarse por texto, crear videos personalizados, mandar mensajes interactivos o escribir correos electrónicos sin límite de extensión. Además, gracias a las redes sociales podemos conocer cómo está la vida de nuestros familiares, amigos y conocidos (y sí, todo lo que nos hemos perdido por no poder estar allí). Y, por supuesto, nada sería igual sin las videollamadas, esas donde a través de la cámara de tu móvil, tableta u ordenador se puede hablar y ver, simultáneamente, a quienes están lejos. Una llamada telefónica del futuro…que ahora es una realidad casi imprescindible.

Acortar la distancia, sentir el calor del amor familiar, reírte con tus amigos como lo hacías antes en las reuniones, todo esto y más lo permite la tecnología de las comunicaciones.

Me pongo a pensar en todos los años previos a la tecnología, cómo las personas esperaban una correspondencia para enterarse de que sus familiares estaban bien, de cómo les iba. No podían ver sus rostros o escuchar sus palabras directamente, y se tenían que conformar con imaginárselos en un mundo nuevo mientras perseguían su felicidad. Como sabemos, no todas las historias eran así, algunos incluso más nunca pudieron verse las caras de nuevo, o perdieron el contacto por completo. Realmente eran unos valientes y siempre los admiraré por ello.

Y seguro estarán pensando que quizá eso de la tecnología es un poco impersonal. Pues, en mi criterio, depende del punto de vista, como todo. Por supuesto que no se puede sentir el abrazo de una madre o los besos de un sobrino por una cámara, pero puedes disfrutar del nuevo corte de cabello de tu hermana o ver los ojitos brillantes del hijo de tu amigo mientras te cuenta que ayer los Reyes Magos visitaron el cole. Y eso, justo eso, lo hace muy personal.

La tecnología nos ha abierto una nueva forma de comunicarnos, y a pesar de sus elementos frívolos, impersonales y vanidosos (de los cuales hablaré en otra publicación), se ha convertido prácticamente en una necesidad para quienes pasan su vida lejos de su entorno. Así que ¡gracias, tecnología!

DOS. Lo que aprendiste en casa y no te diste cuenta…hasta ahora

¿Quiénes no han sufrido con las repeticiones de su madre sobre el orden de la habitación, la limpieza o la planificación del día? Creo que cualquiera. Y en su momento nos desesperaba, probablemente sentíamos que nos querían gobernar la vida y no nos permitían ser libres. Queríamos ser independientes, maduros y demostrarlo. Estábamos seguros de que lo éramos y que sufríamos una incomprensión única en su especie. Hasta que decidimos vivir solos, emigrar lejos y procurarnos la vida sin nadie que nos ayudara. Entonces comprendimos la verdad.

Pepegrillo, personaje de la película animada Pinocho
Pepegrillo, personaje de la película animada Pinocho

Todas esas horas que nuestros padres, maestros, amigos y personas importantes en nuestra vida dedicaron a repetirnos, cual Pepe Grillo, las cosas que debíamos hacer y cómo hacerlas se fijaron en nuestra memoria a largo plazo, incluso en nuestro subconsciente. No nos damos cuenta de ello hasta que lo necesitamos. Cuando nos enfrentamos a la vida y tenemos que hacer algo para lo que creemos no estar preparados, nos llega esa vocecita a nuestra mente, muy parecida a la de nuestra madre –o a la de la persona que nos haya guiado en una situación similar–, con instrucciones (y tips) que nos ayuda. Lo maravilloso es que no sólo aplica a las cosas prácticas o motoras, también está allí para cuando nos sentimos confundidos, abatidos o molestos. Es como si todos esos años de consejos, apoyo y cariño los metimos en la maleta de nuestra memoria y los llevamos con nosotros a donde sea que vayamos.

Cuando vives solo, lejos de quienes te pueden echar una mano en momentos de necesidad y te toca responder por tu vida, te das cuenta de la cantidad de cosas que has aprendido sin darte cuenta y de cómo sabías hacer más de lo que creías. También es cuando creces, cuando agradeces, y cuando eres consciente de que hay personas que vivirán siempre en tu mente y tu corazón. Así que ¡gracias familia, amigos, maestros!

TRES. La comida de tu país

Estando lejos de casa extrañas todo, desde el clima hasta los pancitos dulces que tomabas con el café los domingos. La memoria aplica un filtro genial que omite mucho de lo malo que hayas podido vivir, haciendo que añores las cosas que disfrutabas. (Por eso creo que los emigrantes terminamos siendo grandes soñadores, que dibujan en su imaginación un país maravilloso al que volver basado en sus –buenos– recuerdos y pincelado con lo que desearían que fuera. No lo critico, a mi me sucede y es un sentimiento esperanzador).

Fotografía de Caracas Ciudad de Sabores
Fotografía de Caracas Ciudad de Sabores

Esa forma de percibir la realidad de tu país de origen hace que busques casi cualquier cosa que pueda anclarte al “sentimiento nacional”, y una manera es a través de su gastronomía. Cuando comes un plato típico de tu país, evocas muchas anécdotas y recuerdos relacionados a esa comida. Por eso, cuando consigues un lugar donde exista la comida (ingredientes o platos) de tu país, sientes que estás viajando momentáneamente a tu tierra y esa sensación es indescriptible. Si además estás cansado de la gastronomía extranjera, que por más maravillosa que sea es foránea a tu paladar diario, cocinar algo típico de tu país es casi un asunto de orgullo nacional. Sabe a tu casa, a tus raíces, a tus recuerdos y a tu identidad.

A través de la comida de tu país puedes acortar distancias y hacer un pequeño iglú imaginario donde estás junto a tu familia o amigos, disfrutando como lo hacías cada día y como si no existiera separación física. Es un viaje de la imaginación hacia el país que te vio nacer y que te dio la mayoría de las cosas que te caracterizan hoy. Por eso, ¡gracias gastronomía!

Pero esto no es todo. También hay cosas personales dentro de mis agradecimientos con las que muchos de ustedes podrían relacionarse, como por ejemplo:

La salud. Nunca se está demasiado agradecido por la salud de la que gozamos. Esos eventos aislados de gripe, malestares estomacales y dolores de cabeza no se comparan con la mayoría de los días saludables que hemos tenido, y debemos dar gracias a nuestro cuerpo, a la alimentación que consumimos, a nuestra genética y a cómo nos cuidamos.

La familia. Sea la que está lejos, la que tenemos cerca, la que elegimos entre miles de personas en el mundo (amigos, compañeros de trabajo, etc.), la que formamos nueva…no importa. La familia siempre será ese grupo de personas increíbles con las que compartimos vivencias, risas y momentos variopintos, que nos brindan su cariño desinteresadamente y quienes tienen un lugar muy especial en nuestro corazón. Sin ellos estaríamos muy solos y somos muy afortunados en tenerles.

Fotografía disponible en Gratisography
Fotografía disponible en Gratisography

Las mascotas. Para quienes las tienen y valoran, comprenderán por qué son tan importantes. Sí, deberían estar en el punto anterior porque sin lugar a dudas son parte de la familia, pero se merecen un apartado especial. Los animalitos que decidimos cobijar bajo nuestro techo, cuidarles con mimo y ternura, procurarles salud y felicidad, son los que día a día nos regalan infinito cariño, nos hacen más responsables, empáticos ante los problemas (de otras personas y del mundo) y conscientes de nuestro rol como especie del planeta. Incluso, nos sacan las mejores sonrisas y estoy segura que nos aman incluso más que nosotros mismos.

Las oportunidades. Creemos que no existen, pero si hiciéramos un registro de todo lo que nos ha sucedido en el año entenderíamos la cantidad de oportunidades que se nos presentaron. A veces les prestamos atención, pero en general pasan desapercibidas. Pues bien, la realidad es que por cada evento positivo en tu vida ha habido una oportunidad aprovechada, así que ¡felicidades! Si estas agradeciendo ese trabajo, la aparición del amor de tu vida o simplemente el haber leído ese libro que cambió tu vida, has sabido tomar una oportunidad y sacarle provecho. ¿A que ahora se ve más tangible eso de las oportunidades en la vida? 😉

El amor. No, no me he puesto romántica de repente. El amor no es sólo el de pareja, que también. Me refiero a esos pequeños actos de amor diarios que recibimos o compartimos sin darle mucha importancia. Junto a las oportunidades viene una buena dosis de amor, porque de no ser así no las aprovecharíamos. Así que a agradecer por tanto cariño dado y recibido, por esas personas, momentos, recuerdos que nos sacan una sonrisa automática y que nos calientan el corazón.

Ya ven, hay muchas cosas por las que dar gracias a este 2015, y no son sólo las materiales como los regalos de cumpleaños o de Nochebuena. Seguramente me faltan muchas cosas por mencionar, ¿ustedes cuáles añadirían?

Espero, de corazón, que el 2016 llegue con alegría, que esté colmado de amor y esperanza, y que no pospongan un día más la persecución de sus sueños. ¡Ah! Y que realmente pidan un deseo (realizable, sincero) por cada uva sin atragantarse. Nos seguiremos leyendo pronto.

«No puedes nadar hacia nuevos horizontes hasta que tienes el coraje de perder de vista la costa». William Faulker.
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