Título original: Fifty Shades Darker | Autora: E.L. James | Año de publicación: 2011 | Versión digital (Kindle) | 546 páginas.

Esta es la segunda entrega de la trilogía “Sombras de Grey”, escrita por E.L.James. Después de haber leído la primera, era necesario continuar con la historia para conocer la evolución (o no) de la complicada, fogosa y voluble relación entre Christian y Anastasia. Esto es lo que puedo comentar sobre ella.


Si has llegado hasta aquí y aun no sabes de qué va el primer libro puedes leer mi reseña de la primera parte, Cincuenta Sombras de Grey.

El libro anterior culmina en el momento que Christian y Anastasia se dan un tiempo en su relación. Y todo por la curiosidad de Anastasia. Ella quiso poner a prueba sus límites, la tolerancia que tendría al dolor físico, hasta dónde era capaz de llegar Christian y lo que realmente le satisfacía. Como era de esperarse, la experiencia fue traumática tanto física como emocionalmente y ella decide alejarse de él, sintiéndose humillada e incapaz de proporcionarle lo que él necesita.

En Cincuenta Sombras Más Oscuras, comenzamos leyendo lo duro que ha sido para Anastasia la decisión que ha tomado. Le pesa la distancia, la ausencia, y su sufrimiento confirma lo que sospechaba: que se ha enamorado de él, y que con seguridad se trata de un amor no correspondido, pues él ha dejado muy claro desde el principio que no es el tipo de flores y corazones (es decir, no existe romance en sus relaciones). Pese a ello, intenta ser fiel a su decisión y corta todo tipo de comunicación, contacto y nexo con él. Eventualmente, y por compromisos previos adquiridos (cuando se llevaban bien) vuelven a verse. Durante la conversación, Christian confesa lo mal que la ha pasado sin ella, lo mucho que la necesita y lo dispuesto que está a hacer cualquier cosa para que ella no vuelva a dejarlo. Y así es como solucionan el inconveniente de su relación. Ahora tendrán que lidiar con las diferencias que tienen todas las parejas, especialmente cuando están comenzando, junto a la aparición de unos personajes que buscan desestabilizarlos.

La trama principal del libro es la evolución del personaje de Christian junto con el cambio en su relación con Anastasia. Éste pasa de ser una persona incapaz de empatizar, obsesivo, controlador y cerrado para dar paso a un hombre que muestra sus inseguridades, que comparte sus secretos y se permite ser vulnerable. Todo ello, claro está, gracias a Anastasia y su amor, que lo han cambiado y lo han hecho una mejor persona. Incluso, lo lleva a luz y lo aleja de sus sombras. Por otra parte, la relación entre ellos pasa de ser una contractual, donde existen las figuras de “Amo” y “Sumisa”, a una sentimental. Dejando el contrato a un lado (que tanta curiosidad e impacto nos dio en el libro anterior), son libres para sentir y comportarse como una pareja frente a ellos y el mundo.

Como sospecharán, este libro tiene la misma intensidad sexual que el anterior, la diferencia es que usan menos el Cuarto Rojo del Dolor y eliminan algunos de los “juguetes” de Christian, explorando además ese mundillo particular del sexo con amor.

El problema es que la historia de este libro es cuando menos monótona. Un par de capítulos más en el primer libro y habría sido una historia buena (llena de clichés, sí, pero al menos entretenida). En cambio, este libro parece la continuación forzada de una historia que ha agotado sus recursos muy temprano. Para darle un poco de chispa a la trama de este libro, pues no es precisamente muy interesante leer cómo Christian cumple el cliché y pasa de ogro a príncipe, la escritora ha incluido tres personajes que generan situaciones de expectativa, tensión y curiosidad en la trama.

(1) Elena. Apodada por Anastasia en el primer libro como la Sra. Robinson, fue la “maestra” de Christian en el arte del placer con dolor. Este personaje aparece en varias ocasiones a lo largo de la historia y funciona como un recordatorio del pasado (no tan lejano) de Christian. Ella es su amiga, su socia en algunos negocios y casi una custodia de su vida en general. Como era de esperarse, su aparición desata las inseguridades de Anastasia, quien además la rechaza y desprecia por considerarla una pedófila, y esto genera roces en la pareja. Aunque en un principio Elena parece madura, comprensiva y amable, hacia el final del libro nos enseña su verdadero rostro…nada parecido a la imagen inicial.

(2) Leila. Ex-sumisa de Christian, su relación con él terminó cuando ella quiso más que un contrato (es decir, sentimientos) y él se negó. Luego de rehacer su vida, un evento desafortunado con su pareja junto al descubrimiento de Anastasia como la novia de Christian fueron los desencadenantes de su desequilibrio mental. Comienza a acosar a la pareja en su afán por conocer las razones por las cuales Christian eligió a Anastasia y no a ella. Su presencia, invisible pero constantemente presente, supone tensión y angustia para Christian, quien teme por la integridad física de Anastasia y siente que la ha expuesto a un peligro hasta ahora difícil de contener. Anastasia, por su parte, sólo siente la amenaza de Leila cuando la tiene frente a ella porque, aunado a su clara psicosis, su presencia y la manera de tratarse con Christian le hacen cuestionarse su “incapacidad” para satisfacerle (es decir, un nuevo ataque a sus inseguridades).

(3) Jack Hyde. Jefe de Anastasia en la pequeña editorial donde ella empieza a trabajar, y desde el inicio parece ser uno de esos personajes de la vida que les gusta aprovecharse de las chicas jóvenes e inexpertas, es decir, que disfruta aportando experiencia más allá del ámbito profesional. El problema es que Anastasia le atrae, no sólo por su físico sino por su personalidad, y el hecho de saber que tiene novio no le detiene en su afán por conquistarla. Christian identifica a la competencia, nota sus intenciones ocultas e intenta protegerla a toda costa. Incluso busca convencerla para que se cuide de él y establezca límites, pero ella protesta y alega que sabe defenderse. Las cosas terminan de mala manera, pues Jack trata de propasarse con Anastasia, ella logra escaparse y Christian intercede, haciendo uso de su dinero, poder y experiencia con el dolor físico.

Estos tres personajes parecen añadidos a la historia con el propósito de hacer tambalear las inseguridades de la pareja. Por un lado, Anastasia duda del afecto que dice sentir Christian hacia ella y cree que él se conforma con lo que ella puede darle (sexualmente hablando). Por otro, Christian ha forjado una coraza contra el mundo para esconder su bajísima autoestima, incluso peor que la de Anastasia, sus inseguridades y los recuerdos de su terrible infancia. Así que amarla supone abrir la caja de Pandora de sus miedos y le pone constantemente en situaciones para las cuales no sabe cómo comportarse o reaccionar.

En mi opinión, la historia perfectamente podría haber llegado hasta aquí. Por el desarrollo de la historia, es difícil encontrar algún argumento que tenga potencial para otro libro, más allá de conocer hasta dónde llegará la relación entre Christian y Anastasia, y eso tampoco suena a material para best-seller. Entonces la autora decidió sacarse de debajo de la manga una situación final tensa, sospechosa y muy emotiva que te cause “curiosidad” y te haga querer leerte el siguiente libro.

Christian pasa un mal momento en su helicóptero, el Charlie Tango, por un desperfecto anómalo que le obliga a aterrizar forzadamente en un descampado. Sin batería en el móvil, lejos de las vías y sin alguna manera de ponerse en contacto con su familia, todos asumen que ha desaparecido y esperan lo peor. Es un momento dramático que culmina de la mejor manera, pues Christian sobrevive a todo y llega sano y salvo a casa. Este desperfecto no es casual, ha sido ocasionado adrede por alguien que desea hacerle mucho daño (una pista: por lo que intuí, es uno de los tres personajes que he enumerado antes. Ya veremos si estoy en lo cierto). Y esto, junto con una propuesta de matrimonio, son los elementos que te “atrapan” para la siguiente y última entrega de esta saga.

Ahora veamos qué cosas me han parecido buenas y no tan buenas de Cincuenta Sombras Más Oscuras.

BuenoBueno. Me cuesta encontrar elementos que se puedan salvar en este libro, pero, como en casi todo, existen. Me alegra saber que la relación entre Christian y Anastasia no iba a ser regida por un contrato que poseía unas cláusulas cuando menos frívolas, sino que había evolucionado a algo más “normal”. Además, me gusta que se haya desmontado el concepto del Christian perfecto, en realidad es una persona llena de inseguridades que pasó unos momentos muy duros cuando era apenas un niño, que sufrió maltratos y abusos físicos y emocionales. En este libro empezamos a descubrir al verdadero personaje detrás del dinero, la fama y el éxito, y entendemos las razones por las cuales tiene algunos comportamientos. Y, sin duda, una de las cosas más bonitas es que, sin importar cómo seas, siempre habrán personas que ven más allá de la coraza y te quieren por lo que eres. Él no es la excepción, está rodeado por personas que le aprecian, estiman y se preocupan genuinamente por su bienestar, aún cuando él no termine de creérselo. Por otra parte, Anastasia sigue intentando imponer su carácter ante la necesidad de control y protección extrema de Christian, y decide trabajar en vez de vivir de su novio. Bien por ella, al fin un mensaje que vale la pena recordar de este libro: ser económicamente independiente debe ser un mantra de vida, no dependas del dinero de alguien más sin importar quien sea.

No tan buenoNo tan bueno. Voy a categorizar mis numerosas opiniones para que sean más fáciles de digerir.

La relación de pareja. Un completo y absoluto cliché, aderezado con -muchas- escenas sexuales poco comunes (o eso creo) como las que ya había descrito la autora en su primer libro, y ahora con comportamientos criticables entre ellos. El cliché está en lo mismo que en el libro anterior, el poder del amor para cambiar a las personas; cómo Anastasia, una chica sencilla e inexperta, es capaz de domar a la bestia que es el millonario, guapísimo y muy experimentado Christian, y además hacerlo con un sobresaliente en su desempeño. Más aún, cómo logra llegar hasta su corazón, cambiarlo y hacerlo el príncipe azul que siempre deseó. Lo curioso es que esta pareja, que lleva saliendo poco más de UN MES, ya viven juntos y están enamorados (sí, amor amoroso), tan es así que terminan comprometidos y comprando la casa de sus sueños (vuelva a leer el tiempo que llevan juntos ahora). Esta es la definición del amor a primera vista de los tiempos modernos, siempre que tu pareja sea un multimillonario, claro. Pero no todo es maravilloso, tienen problemas de confianza entre ellos y no saben comunicarse bien, así que sus problemas los resuelven siempre en la cama…o donde les agarre el torbellino de la pasión. Esto me hizo cuestionarme si en realidad sienten amor, deseo o sólo necesidad de poseer el uno al otro de cualquier manera. Por su fuera poco, la escritora utiliza frases que denotan una absoluta dependencia emocional entre los personajes, tales como “soy tuya, eres mío” o “eres el centro de mi universo” o “prométeme que no te irás, que no me dejarás nunca”, junto con actitudes de sumisión absoluta. Desde el inicio del libro, cuando Anastasia sufre por haber perdido a Christian, y en lo sucesivo de la trama, la dinámica y comportamiento entre ellos me recordó a la existente entre Bella y Edward de la Saga Crepúsculo: un caos en todos los sentidos, pobres habilidades de comunicación, una dependencia absoluta en el otro que se corresponde más con relaciones adolescentes que con la realidad adulta. En el caso de Crepúsculo, el género literario del libro favorece este tipo de relaciones, pero en esta historia no, pues se supone que está dirigida a un público adulto. Y nosotros las convertimos en best-sellers

La trama. Tediosa, excesivamente sencilla y hasta aburrida. En algún momento sentí que estaba leyendo el diario de una adolescente que describe lo que sucede en su vida con un exceso de drama que termina agotando. Creo, como en el libro anterior, que habían trozos de la historia con mucho potencial, pero se deshicieron en el camino. Me pregunto si la escritora del libro temió el riesgo de ahondar en temas profundos o al menos interesantes, o simplemente prefirió decantarse por la fórmula segura del primer libro (clichés y sexo). Sólo los tres personajes añadidos aportan algo de “chispa” a la trama, pero no se integran con fluidez al hilo conductor de la historia. El desenlace para el asunto con Leila fue tan simple que casi pasó desapercibido; tanta intriga para encontrarnos a un personaje frágil, inseguro y sin la menor malicia, a quien Christian controla con facilidad cuando está cara a cara con ella y que sólo logra remover las inseguridades de Anastasia. Luego, la presencia de Elena es agobiante vista a través de los ojos de Anastasia, y el giro dado al final es predecible. De ser la noble, comprensiva y cariñosa Elena, pasa a codiciar y detestar a quien, luego de cinco semanas de amores, es la prometida de Christian. El tema de Jack es una manera de hacernos creer que ella también cambió y ahora es una mujer sexy que atrae a todos los chicos –José, Ethan, Jack–, y además lo convierte en el único norteamericano que no ha escuchado sobre el acoso sexual en el trabajo.

El final. Vaya manera de forzar una saga para sacar la trilogía sí o sí. La escritora no tenía material (o creatividad) suficiente para justificar un tercer libro, así que torció a uno de los personajes de esta segunda entrega como villano con la intención de “engancharnos” para garantizar que leamos el siguiente. Esto lo hace en el epílogo. Sólo un capítulo, el último, para decirte “acuérdate que hay un tercero y vienen cosas malas”. Absolutamente decepcionante.

La estructura. Lineal, pero la entrada de esos tres personajes la desordena un poco (y no de la mejor manera). Como dije al principio de esta publicación, bien pudo la escritora incluir unos cuantos capítulos al primer libro y habernos librado de más de 500 páginas de malcriadeces -bueno, siempre que no lo leas por lo erótico-. He leído casi en vertical, revisando constantemente mi avance, lo cual no es un buen indicativo de mi atracción por la historia. Y en el epílogo, el cambio de narrador es confuso; ¿será que ahora, en el tercer libro, quien cuenta la historia es el nuevo enemigo de Christian y no Anastasia? Podría suponer un descanso interesante.

¿Lo recomendaría? Sólo hasta las primeras páginas (luego de la historia con Leila pueden cerrar el libro) a personas que disfruten los clichés amorosos bastante subidos de tono y que no impliquen mucho reto mental.

Valoración

Dos estrellas

“Tú haces que mire el mundo de forma distinta, Anastasia. No me quieres por mi dinero. Tú me das…esperanza”. E.L.James, Cincuenta Sombras Más Oscuras
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