Los libros siempre han servido de inspiración para el cine, pero últimamente parece suceder con mayor frecuencia. Como aficionados a la lectura, podríamos enfrentarnos al dilema de leer el libro antes de ir a ver su adaptación cinematográfica o hacerlo al revés. He probado ambas formas y me ha funcionado mejor la segunda opción, primero la película, luego el libro. Aquí les cuento mis razones para ello.


Cada persona tiene sus gustos y preferencias, normalmente establecidas de acuerdo a su experiencia previa y lo que les ha funcionado en la vida. Por ejemplo, hay quienes prefieren trabajar o estudiar con música y otros en silencio, quienes van al gimnasio en la mañana porque les da energía y otros en la noche porque les relaja, y así un sinfín de situaciones.

Por supuesto, tendemos a creer que nuestra elección es la correcta porque nos hemos convencido de que es la mejor, y podemos caer en la tontería de querer imponer nuestro criterio sobre los demás. Para los amantes de la lectura, una de las discusiones más comunes es la relacionada con los libros y sus versiones en el cine. Más allá de su calidad, que también se debate con intensidad, se trata de contestar la pregunta: ¿es mejor leer el libro antes de ver la película?

Para mí, la respuesta es no (y ustedes pueden hacer lo que deseen).

Luego de dar numerosas oportunidades a las adaptaciones cinematográficas de mis libros favoritos, como a la saga de Harry Potter o a El Código Da Vinci, y sufrir terribles decepciones, quise probar la técnica contraria y comparar los resultados. Suena técnico pero en realidad es muy sencillo: decidí ver la película y posteriormente leer el libro.

El resultado fue extraordinario. Fue tan bueno para mí que nunca más leí un libro sin haber visto antes su adaptación al cine, aun cuando tenía que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no sucumbir a la tentación.

¿Qué sucede cuando vas al cine sin haber leído el libro?

UNO. No te decepcionas con la película

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan quienes adaptan un libro a una película es poder plasmar la esencia de la historia de una manera que sea satisfactoria para todo el público, pero en especial para quienes ya han leído el libro. Estos quizá sean los más quisquillosos de toda la audiencia porque tienen un vínculo muy poderoso con el libro; su imaginación trabajó sin descanso por horas mientras construía ambientaciones, desarrollaba la trama y se relacionaba con los personajes.

Cuando los lectores van al cine a ver la película de “su libro”, llevan en su mente expectativas muy elevadas que usualmente no se ven correspondidas. Cada cabeza es un mundo, y cada lector ha “escrito” el guión de su película perfecta dependiendo de cómo interpretó y vivió la historia mientras leía. Los diversos matices de la imaginación de cada uno de nosotros son imposibles de plasmar en el par de horas (quizá tres) de duración del filme.

Pocos somos conscientes de que las adaptaciones son basadas en libros, lo cual implica que no son una representación fiel de sus historias, sus personajes o de su trama; por ello, se les permiten cambiar detalles que funcionen a la película, a pesar del riesgo a romper los corazones de los lectores.

Por eso, si no hemos leído el libro antes de entrar a la sala de cine, no esperaremos que la película satisfaga el mundo imaginario que hemos creado para esa historia, sino que iremos con la mente abierta y disfrutaremos del entretenimiento con la expectativa propia de la película y poco más.

Y por esto, una vez que hemos salido del cine sentimos…

DOS. Motivación extra para leer el libro

Lo sé, no todos necesitamos motivación extra para leer un libro, a menos que sea de un género que por sí solos no escogeríamos, o que luego de leer la sinopsis no nos llamara demasiado la atención. Pero en más de una ocasión la adaptación cinematográfica está hecha para incrementar las ventas del libro, buscando captar nuevos lectores o motivar a los escépticos para que salgan corriendo a la primera tienda de libros (impresos o electrónicos) a comprar un ejemplar.

Si la película está bien hecha, lo más probable es que logre ese efecto y nos veamos en la necesidad de, por lo menos, añadir el libro a nuestra “wish list”. Ahora sí tenemos expectativas, comenzamos a preguntarnos qué cosas habrán cambiado respecto al libro, cómo habrán abordado tal escena o si el final es parecido al de la película. Necesitamos imbuirnos en la historia como sólo podemos hacerlo cuando leemos un libro, y para ese momento –gracias a la película, por supuesto– ya tenemos…

TRES. Personajes, ambientaciones y una idea de la trama

Y esto a veces puede resultar genial, sobre todo cuando se trata de un espacio difícil de imaginar o una escena compleja. A veces, lo que el escritor intenta transmitirnos puede estar muy claro en su mente pero no todos logramos dibujarlo en nuestra mente, ya sea exceso o falta de detalles, porque estamos leyendo el libro en su idioma original y no estamos familiarizados con las palabras, e incluso porque la traducción no logra ilustrar de forma adecuada la situación.

En cualquier caso, luego de haber visto la película es probable que entendamos mejor cómo es la nave espacial que utilizó el astronauta para salir de Marte, qué tan destruida estaba la ciudad del mundo distópico que leíamos o cómo se ve un partido de quidditch desde las gradas elevadas del campo.

Y quizá se estén preguntando, ¿para qué leer el libro si ya la película me ha contado el final? En mi caso, yo no leo para conocer un desenlace, sino para distraerme y disfrutar de una historia, y la sorpresa del final me la he llevado durante la película. Además, no todas las adaptaciones cinematográficas culminan de la misma forma en la que lo hace el libro; puedes tener una idea de lo que sucede pero no conocerás la verdadera historia hasta que no lo leas. Viajarás por las palabras con la incertidumbre de saber si se corresponde con lo que viste en el cine, y en la medida que lo haces…

CUATRO. Complementas la información

Por ser una adaptación al cine, los guionistas intentan mantener los elementos clave de la historia para conservar el espíritu de la trama. Sin embargo, hay muchos detalles que se ven obligados a omitir o variar por temas de tiempo y recursos, mientras que otros los muestran sutilmente, pudiendo pasar desapercibidos para quienes no conocen la historia.

Cuando leemos el libro, la mente está constantemente uniendo las imágenes de la película con las descripciones y la narración, llenando o completando las “incongruencias” que percibimos en el filme. Es ahora que comprenderemos muchas cosas que durante la película no lo hicimos, complementando con lo que ya sabemos. Los elementos de sorpresa se mantienen porque los libros siempre tienen más detalles que sus adaptaciones, y la intriga que nos hace leer con rapidez, si se quiere, es mayor.

Puedo asegurarte que la mayor parte del tiempo no existen decepciones cuando se lee el libro luego de ver la película. Haciendo un cálculo por encima, aproximadamente el noventa por ciento del tiempo los libros superan a la película, y cuando terminas la lectura percibes la misma sensación de asombro y ligera nostalgia que sentirías si jamás hubieses visto el filme. No puedo afirmar que esto suceda todo el tiempo porque películas como “Insurgente” o “Love, Rosie” fueron fantásticas en comparación con sus libros, que más bien me hicieron cuestionarme si sus escritores era conscientes de que sus obras no eran tan buenas e intentaron mejorarlas con el guión (¡y vaya si lo lograron!).

Una recomendación para mejorar la experiencia: volver a ver la película luego de leer el libro. No tiene que ser inmediatamente, pueden hacerlo cuando quieran, pero siempre descubrirán algo nuevo que no habían reparado en el filme y que, gracias a la unión con el libro, disfrutarán mucho más y sin decepciones 😉

Y, finalmente, una confesión. A veces no puedo soportar la presión o la incertidumbre y falto a mi propia norma, leyendo el libro antes de que si quiera salga la película (incluso cuando sólo hay rumores de que se filmará). Hay que tener mucha fuerza de voluntad para no caer en la tentación de devorar un libro cuando ya se está haciendo el marketing del filme, cuando te bombardean con sus altas ventas o cuando tus grupos de lectura te hablan de sus maravillas. Pero, insisto y lo mantengo, la película antes que el libro siempre será la mejor opción.

«Mi buena opinión, una vez perdida, lo está para siempre». Jane Austen, Orgullo y Prejuicio.
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